Cuento
La villa de los juguetes encantados
Erase una vez en una mágica y encantadora villa, donde por el día era visitada por muchos diferentes niños.
Los niños llenaban la deslumbrante casa de risas, y felicidad. Llegaban para jugar y aprender, querían saltar y saber compartir, con todos sus amigos.
Desde muy temprano la casa respiraba vida infantil, todos alegres entraban y salían, los tranquilos abuelos, los grandes hermanos, los apresurados padres, las pacientes maestras, y los bla bla bla de las mamas.
Naturalmente que todas las madres se sentían bien en este encantado mundo infantil, lleno de arco iris e imaginación, donde los sueños se hacen realidad. Y por así decirlo, un aromático y caliente cafe, podía tener un magnifico y delicioso sabor a crema de chocolate.
Una vez los hermanos Martin y Camilo le contaron a su mamá que deseaban que ella conociera a sus mejores amigos Uauis y Celandro. Y en una de esas mañanas cuando la mamá de los hermanos quiso conocer a sus amigos, se llevo una gran sorpresa, porque Uauis y Celandro, no se veían como nosotros, no, eran muy diferentes,
ellos dos, eran dos muñecos de tela maravillosos. Fue así como la mamá de los dos niños comprendió, lo que es un gran amigo en un mundo donde la magia vive y la fantasía existe.
Y entre tanto ir y venir, llegaba siempre la esperada noche, con su manto de nubes, sus saltarinas estrellas y la madre luna.
Los vecinos cuentan, que en las noches, se pueden escuchar ruidos que saltan y voces que cantan... es por eso, que los abuelitos la llaman, la villa encantada, una gran casa familiar, para darle vida de noche nuestros fantásticos sueños. Y pasa que cuando todos duermen, los juguetes se despiertan y tienen vida como tu y yo... y entre ellos se cuentan historias, cantando canciones, bailando,
saltando, alegres y risueños como sus grandes únicos y mejores amigos.
Sin embargo, los juguetes de nuestra historia, están algo tristes, porque en las noches, no hay luz en las habitaciones. Todos los cuartos están apagados, por esto, preferían pasar la mayoría del tiempo, sentados en la ventana,
mirando hacia fuera, y deseando con toda la magia del corazón, tener una vez luz en las noches.
En una de esas noches juguetonas donde la paz reinaba, les llamo la atención, ver caminar en los alrededores del jardín una graciosa llamita.
Con ojos saltarines le hicieron señales de amigos, y fue tanto el alboroto que la llamita se pego un tremendo susto, y al descubrir de donde salían las voces, subió velozmente a saber que pasaba.
Para su impactante sorpresa se vio de momento rodeado de muchos juguetes que le miraban con ojos muy iluminados.
- Hola dijo la llamita
- Hola respondieron, todos a la vez
- ¿Como les puedo ayudar?-pregunto felizmente la llamita
- Te necesitamos dijeron todos a coro
- Entonces Uauis y Celandro contaron que en la casa por las noches
las habitaciones estaban oscuras por no tener luz, y todos ellos deseaban con todos los colores de sus corazones
poder tener luz en las noches.
- Pero yo no me puedo quedar con ustedes, yo tengo una misión que cumplir, yo he caminado mucho para llegar hoy hasta aquí, he pasado bosques,
saltado por entre piedras en los ríos, viviendo todo un viaje en aventura, para poder lograr estar esta noche en la escuela, donde todos los niños viven la magia de la noche de contar cuentos.
- Pero por favor llamita encantadora, ¿Puedes regresar luego, cuando hallas terminado de contar tus historias y aventuras? Por favor. (Pregunto una vivaracha voz)
- Mmmm ... se quedo muy pensativa la llamita, y en un salto de verdadera amistad, les sonrío a todos y les dijo: Pues, claro que si puedo, eso voy hacer, cuando se termine la noche de contar cuentos,
yo vendré a ustedes y me quedare con vosotros para iluminar en las noches las oscuras habitaciones, en donde juntos podremos felizmente estar.
- ¡Bravo! Hurra ... gracias, gracias, gracias...
Y con un corazón ardiente y sonriente la llamita, se fue a la escuela, a contarle historias encantadas a los niños.
Pero entre tantos niños, libros e historias, la llamita se ha perdido... y en algún lugar de este cuarto, la podemos encontrar... Y si todos juntos buscamos, el que la encuentre, me la puede dar,
para yo poder mostrarle el camino de regreso a la villa de los juguetes encantados, donde podrá estar para siempre con sus nuevos amigos...
Yordanka Jaschke.